jueves, 8 de agosto de 2019

La NASA descubre una 'megatierra' que podría albergar agua y vida


La NASA ha descubierto un planeta potencialmente habitable a tan 'solo' 31 años luz de la Tierra. El cuerpo se llama concretamente 'GJ357 d' y orbita alrededor de una estrella enana llamada' GJ 357'.
“GJ 357 d se encuentra dentro del borde exterior de la zona habitable de su estrella, donde recibe aproximadamente la misma cantidad de energía estelar de ella que Marte del Sol. Si el planeta tiene una atmósfera densa, lo que requerirá futuros estudios para determinarlo, podría atrapar suficiente calor para calentar el planeta y permitir el agua líquida en su superficie”, expresó Diana Kossakowski, coautora del estudio en el Max Instituto Planck de Astronomía.
El planeta tiene 6,1 veces la masa de la Tierra y orbita dentro de la zona habitable de su estrella, por lo que podría tener agua líquida en su superficie. La temperatura negativa de esta 'supertierra' es de 17,8 grados Celsius, pero una atmósfera densa en su interior podría hacer que su clima fuese menos frío.
“Esto es emocionante, porque esta es la primera supertierra cercana a la humanidad que podría albergar vida, descubierta con la ayuda de TESS, nuestra pequeña y poderosa misión con un gran alcance”, dijo Lisa Kaltenegger, autora del estudio, profesora asociada de astronomía y directora del Instituto Carl Sagan de Cornell. Según la experta, si el planeta tuviera una atmósfera espesa podría llegar a tener agua líquida y sería posible detectar signos de vida con los próximos telescopios.

El satélite TESS

Esta supertierra es solo uno de los tres planetas que TESS ha descubierto a 31 años luz de distancia de la Tierra y que orbitan alrededor de la estrella enana M, llamada GJ 357 en la constelación Hydra. La estrella es 40% más fría que el sol y tiene solo alrededor de un tercio de su masa y tamaño.
El Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Transito (TESS) inició su operación en el espacio en julio de 2018 con el objetivo de sondear el 85% del cielo. Desde entonces, el satélite ha descubierto más de 20 planetas fuera del sistema solar.

jueves, 1 de agosto de 2019

El caso de las cintas perdidas donde la NASA grabó la llegada a la Luna


El 20 de julio de 1969 la NASA retransmitió en directo uno de los hechos más relevantes del siglo XX: la llegada del primer hombre a la Luna. La señal se envió a televisiones repartidas por todo el mundo, que distribuyeron las imágenes vía satélite, por cable u ondas hertzianas. Pero, tal como escriben Nacho Montero, Cristina Mosquera y Javier Reyero en «Viaje a la Luna: curiosidades y hechos fascinantes que todavía no conoces» ( Lid Editorial), las cintas originales en las que la NASA grabó aquella transmisión se perdieron.
¿Es esto una prueba innegable de que la llegada a la Luna fue un gran fake? No parece muy probable. «Incluso la NASA no es inmune ni a los recortes presupuestarios ni a la presencia de incompetentes», escriben los autores. De ahí la desaparición de tan preciadas cintas.
Veamos qué ocurrió. Además de transmitir la señal a las televisiones, las imágenes transmitidas desde la Luna se convirtieron al sistema de grabación y reproducción de vídeo empleado por las televisiones estadounidenses, el NTSC. Por una parte, se pretendía archivar la filmación para uso futuro y, por otro, tener una salvaguarda para el caso de que la transmisión fallara.

«Desmedido afán de ahorro»

Sin embargo, tiempo después se grabó encima de estas cintas. «En un desmedido afán por el ahorro, algún cerebro poco atinado estableció que "en lugar de comprar cintas de vídeo nuevas, mejor reutilizamos algunas de las que tenemos por aquí"».
Así que, sencillamente, las cintas se usaron para grabar encima, tal como la NASA confirmó por fin en 2006, probablemente después de buscarlas con denuedo.

Copias de respaldo

¿Por qué ocurrió esto? Tal como escriben los autores de «Viaje a la Luna: curiosidades y hechos fascinantes que todavía no conoces», como la retransmisión televisiva fue un éxito, se multiplicó el número de copias de respaldo, con lo que la conservación de ese vídeo perdió prioridad.
No está claro, pero es probable que las cintas se perdieran en los ochenta. Por entonces, el programa Landsat de la NASA para observación de la Tierra en alta resolución empleó 200.000 cintas para grabar sus imágenes.
Después de descubrir el error, la NASA decidió restaurar las grabaciones. Localizó algunas filmaciones originales conservadas por la CBS y el Centro Espacial Parkes de Australia, y procedió a digitalizarlas. Para ello, se acudió a los servicios de una empresa de Hollywoood, Lowry Digital, que permitió mejorar la definición de las escenas. ¡Tanto que se consiguió una restauración mejor que la original!

¿Por qué tenían tan mala calidad?

Curiosamente, la mala calidad de las grabaciones de la Luna no se deben a las cámaras empleadas en el satélite, sino a los registros magnéticos que almacenaron las imágenes. De hecho, la filmación que llegaba desde la Luna tenía una alta calidad, pero tuvo que reconvertirse a los estándares de la televisión de la época.
Sin embargo, todavía hoy es posible ver las imágenes originales de la Luna, en su calidad original. Estas están en formato SSTV de alta calidad, que se grabó en cintas magnéticas de una pulgada. Dichas cintas se guardaron en los Archivos Nacionales de Estados Unidos y, hoy en día, solo se pueden reproducir y reconvertir en el Data Evaluation Lab, en el Centro Espacial Goddard.
Por si tiene ganas de ver aquellas imágenes en mayor calidad, aún puede ver en cines el maravilloso documental «Apolo 11», donde Todd Douglas Miller reconstruye la odisea a partir de imágenes inéditas en 65 milímetros y más de 11.000 horas de grabaciones de audios sin catalogar.

sábado, 6 de julio de 2019

¿Quién fue Enriqueta Martí, ‘La Vampira de Barcelona’?

El 27 de febrero de 1912 la policía entraba en un domicilio particular situado en la calle Ponent 29 de Barcelona. Habían sido alertados por Claudina Elías, una vecina del piso de enfrente que dio aviso a la autoridad tras ver a una niña pequeña tras una ventana.



“Un guardia municipal ha encontrado esta mañana a la niña desaparecida. Estaba secuestrada por una mujer de cuarenta años, llamada Enriqueta Martí, en una casa de la calle de Poniente. Cuando el público ha conocido la noticia, se ha agolpado frente al domicilio de la Enriqueta, y para evitar un asalto, han tenido que acudir las fuerzas del orden público. Ampliaré detalles”. Así describían los diarios de la época, a principios del siglo XX, la detención de la denominada ‘Vampira de Barcelona’.
Una historia plagada de luces y sombras, de mitos y leyendas, que según algunos expertos, fue construida por la mismísima prensa para convertir a la Ciudad Condal en el “parque temático” del crimen con Enriqueta como cabeza de turco.

A principios de 1900, el término ‘vampiras’ hacía referencia a aquellas mujeres que raptaban a niños para extraerles sangre, grasa, huesos, e incluso cabellos con el fin de realizar toda clase de ungüentos y pócimas mágicas para curar las dolencias de miembros adinerados de la sociedad. Uno de los casos más aterradores a manos de una ‘vampira’ fue el de Enriqueta Martí, en Barcelona.
De hecho, en la historia negra de España sigue resonando su nombre como una de las peores asesinas, pese a que como veremos, podría haber sido todo producto de un bulo que nada tenía que ver con la realidad.

Las dos ‘Enriquetas’

Enriqueta Martí Ripollés nació en Sant Feliú de Llobregat en febrero de 1868 para, con los años, mudarse a la capital catalana. Trabajó como niñera, sirvienta, prostituta, curandera, lavandera y modista. Tenía antecedentes por corrupción de menores: en 1909 la detuvieron por tener un prostíbulo donde niños de 5 a 16 años ejercían la prostitución en la calle de Minerva. El proceso no llegó a más porque alguien muy poderoso intercedió en este asunto y Enriqueta Martí salió en libertad.

Joan Pujaló, marido de Enriqueta Martí
Durante ese tiempo contrajo matrimonio con el pintor Joan Pujaló con quien compartió diez años de su vida. Tuvieron un hijo que falleció a los diez meses por desnutrición. Y aquello, según el escritor Jordi Corominas, “la perturbó totalmente”. Esa circunstancia fue lo que provocó en Enriqueta la necesidad de secuestrar a una niña de cinco años llamada Teresa Guitart. Corría el año 1912. Aquel 10 de febrero, los vecinos de Barcelona no hablaban de otra cosa. ¿Dónde estaba la pequeña Teresita? Solo fueron unos segundos. Ana, su madre, se paró a charlar con una vecina a la puerta de la casa. Le soltó la mano creyendo que subiría al domicilio, pero cuando arribó la “nena”, como así la denominaban, no estaba.
Enriqueta había convencido a la pequeña para que se fuese con ella. Según las declaraciones de la niña, le dijo: “Ven, bonita, ven, que tengo dulces para ti”. Cuando Teresita trató de huir, la alcahueta le cubrió la cabeza con un pañuelo negro y se la llevó.
Teresita Guitart, raptada por Enriqueta Martí
La prensa no hablaba de otra cosa. Hasta tal punto que el gobernador civil tuvo aclarar que los rumores que se estaban “extendiendo por Barcelona acerca de la desaparición, durante los últimos meses, de niños y niñas de corta edad que, según las habladurías populacheras, habrían sido secuestrados” eran falsos. Él decía que no, pero los datos eran otros.
Durante varios días las autoridades intentaron dar con el paradero de Teresita. Pero finalmente fue una vecina, Claudina Elías, quien descubrió dónde habían escondido a la menor. Al asomarse a la ventana vio un niño y una niña. Uno de ellos con la cabeza rapada. Inquieta, decidió hablarlo con otro vecino que, a su vez, alarmó a la policía municipal.
Los vecinos que avisaron a la policía del rapto de dos niños por Enriqueta Martí
Una brigada arribó a la calle de Ponent nº 29 entresuelo 1ª con la disculpa de inspeccionar el domicilio por un problema con “gallinas”. Cuando entraron se encontraron con dos niñas pequeñas. Se trataba de Angelita y Teresita. La primera declaró ser la hija de Enriqueta y que vio cómo su madre “cogía a Pepito, lo ponía sobre la mesa del comedor y lo mataba con un cuchillo. Yo me fui a mi cama y me hice la dormida”.
Además del testimonio de las pequeñas, el registro de la casa de la ‘Vampira de Barcelona’ reveló multitud de secretos. Un salón con muebles carísimos –sofás, cortinas, lámparas…- en contraste con las habitaciones sucias y descuidadas que lo rodeaban. Armarios con trajes de gala para un niño y una niña, pelucas, vestidos de confección para Enriqueta…. Y un montón de cartas.
Angelita, niña secuestrada por Enriqueta Martí
Las misivas utilizaban un lenguaje en clave, repletas de contraseñas, iniciales y firmas irreconocibles. Una especie de lista con nombres relevantes de la sociedad catalana. Los agentes también dieron con una segunda prueba en la cocina: un saco con un traje de niño y un cuchillo con sangre. En otra estancia, una bolsa con ropa vieja y sucia, y multitud de huesos de niños. Los expertos identificaron rótulas, costillas y clavículas de treinta menores distintos que habrían sufrido quemaduras para extraer la grasa de sus cuerpos.
En esta inspección también se toparon con centenares de tarros con sangre y grasa humana a modo de pócimas mágicas, además de una libreta con una especie de recetas para curar toda clase de enfermedades. “Confecciono remedios utilizando determinadas partes del cuerpo humano”, explicó Enriqueta ante las abrumadoras pruebas que la señalaban. Eso sí, lanzó una advertencia: “Como sé que me subirán al patíbulo, quiero que conmigo suban los demás culpables”.
La casa de Enriqueta Martí
Enriqueta se refería a las iniciales y domicilios de su clientela. Los rumores de la época hablaban de políticos, escritores, médicos, abogados, y toda clase de personalidades.
El registro de la calle Ponent no fue el único, también estuvieron en su piso de la calle de Picalqués donde dieron “con los huesos fue encontrado un calcetín de niño que debió de pertenecer a un hijo de familia muy humilde, porque está zurcido y añadido desde su mitad con hilo de otro color”. En la que tenía la calle de Tallers descubrieron más huesos y dos cabelleras rubias de niñas. Y en una casa en la calle de los Jocs Florals de Sants localizaron: el cráneo de un niño de tres años, y más huesos de otros tres pequeños de entre tres y ocho años. En total: una docena de víctimas. 
Lista con el nombre de los clientes de Enriqueta Martí
Tras su detención, la noticia de sus actos cubrieron portadas de los periódicos. “Esos huesos hablan de crímenes bárbaros, y esos emplastos y esas curas, de supercherías medioevales”, decían. Mientras esperaba a ser juzgada, Enriqueta fue encarcelada en la prisión Reina Amalia del Raval. La opinión pública exigía que fuese condenada a muerte, a la pena de garrote vil. Casi año y medio después y aún sin juzgar, con algún intento de suicido de por medio, finalmente Enriqueta murió a causa de una larga enfermedad. Posiblemente cáncer de útero.
Otras fuentes apuntan a que murió de las heridas causadas por una paliza, que incluso la habrían envenenado antes de ser asesinada…
La detención de Enriqueta Martí, la 'Vampira de Barcelona'
Mientras que para Millán Astray, jefe superior de policía a cargo de su caso, Enriqueta fue “una neurótica que se creía curandera, un caso de bruja antigua que hubiera sido quemada viva en la hoguera”; para escritores como Jordi Corominas, en realidad Martí “no era una asesina sino más bien paradigma de una Barcelona pobre y desesperada que era la que no acostumbraba a salir en los medios”.
Aunque lo cierto es que su verdad, la de Enriqueta Martí, jamás salió a la luz. Tampoco los nombres de aquella lista. Y el mito y sus sombras siguen perviviendo.

domingo, 16 de junio de 2019

La verdad detrás de los vampiros


Las características de los vampiros modernos están bastante bien definidas. Tienen colmillos, beben sangre humana y no se reflejan en espejos. Podemos ahuyentarlos con ajo o matarlos atravesándoles el corazón con una estaca. Algunos son aristócratas que viven en castillos, como Drácula.
Pero los vampiros no surgieron con una definición tan clara. Los estudiosos opinan que la concepción moderna de estos monstruos de Noche de Brujas evolucionó de diversas creencias tradicionales establecidas en toda Europa. Dichas creencias partían del temor de que los muertos, una vez enterrados, podían seguir dañando a los vivos.
Esas leyendas comúnmente se debían a la falta de conocimiento sobre la descomposición del cuerpo. Sucede que, al contraerse la piel, los dientes y las uñas del cadáver parecen alargarse, y a la vez que los órganos internos se descomponen, un líquido de purga oscuro puede escapar por la nariz y la boca. La gente que no conoce este proceso interpretaría que ese líquido era sangre y supondría que el cadáver había estado bebiéndola de los vivos.
Mas los cadáveres sanguinolentos no eran lo único que causaba sospecha. Antes de entender cómo se diseminaban ciertas enfermedades, la gente imaginaba que los vampiros eran las fuerzas ocultas que devastaban lentamente sus comunidades. ?La única constante en la evolución de la leyenda de los vampiros ha sido su asociación estrecha con la enfermedad?, escribe Mark Collins Jenkins en su libro Vampire Forensics. De modo que matar a los vampiros, o evitar que se alimentaran, era como las personas creían tener algún control sobre las enfermedades.
LOS VAMPIROS DE EUROPA
Por esa razón, los pánicos de vampiros solían coincidir con los brotes de la plaga. En 2006, un equipo de arqueólogos desenterró en Venecia, Italia un cráneo del siglo XVI, el cual fue sepultado entre varias víctimas de la plaga? con un ladrillo en la boca. El ladrillo posiblemente fue una táctica para evitar que la strega (vocablo italiano que designa a vampiros y brujas) abandonara la tumba para alimentarse de las personas.
No todos los vampiros abandonaban sus tumbas. En el norte de Alemania, los Nachzehrer o desperdicios de la noche permanecían enterrados, royendo sus mortajas. Una vez más, esta creencia quizás se asociaba con el líquido de purga, el cual podía causar que la mortaja se aflojara o rasgara, creando la ilusión de que el cadáver estuvo masticándola.
Se pensaba que estos masticadores estáticos seguían causando problemas a los vivos, y también que su actividad aumentaba durante los brotes de plaga. En 1679, un teólogo protestante escribió el tratado Sobre los muertos masticadores, donde acusó a los Nachzehrer de dañar a sus familiares supervivientes mediante procesos ocultos. Propuso que, para detenerlos, había que exhumar los cuerpos y llenar sus bocas con tierra, y tal vez una piedra y una moneda, solo para asegurarse. Según el autor del tratado, el cadáver moriría de inanición si perdía la capacidad de masticar.
Durante los siglos XVII y XVIII, las historias de vampiros florecieron en las naciones del sur y oriente de Europa, para disgusto de algunos personajes poderosos. Hacia mediados del siglo XVIII, el papa Benedicto XIV declaró que los vampiros eran ficciones falaces de la fantasía humana, y la reina Habsburgo, María Teresa, condenó las creencias sobre vampiros como superstición y fraude.
Pese a ello, los esfuerzos anti-vampíricos continuaron. Lo más sorprendente es que el mayor pánico de vampiros ocurrió en Nueva Inglaterra, Estados Unidos, a fines del siglo XIX, dos siglos después de los juicios de brujas en Salem.
DEL VIEJO AL NUEVO MUNDO
En 1892, Mercy Brown, una joven de 19 años de Exeter, Rhode Island, murió de tuberculosis, enfermedad conocida entonces como tisis. Su madre y su hermana habían muerto de lo mismo y su hermano, Edwin, estaba enfermo. Muy preocupados, los vecinos temían que alguna de las mujeres Brown, recién fallecidas, pudiera dañar a Edwin desde la tumba.
Cuando abrieron la fosa de Mercy Brown, hallaron que tenía sangre en la boca y en el corazón, e interpretaron aquello como una señal de vampirismo (aunque no usaron ese término). De modo que los vecinos quemaron el corazón de Mercy y mezclaron las cenizas en un brebaje que hicieron beber a Edwin; una estrategia anti-vampírica muy común. Aquella pócima debía sanarlo, pero en vez de ello, el muchacho murió meses después.

Y no fue un incidente aislado. Michael Bell, folclorista y autor de Food for the Dead, calcula que hay 60 ejemplos conocidos de rituales anti-vampíricos en la Nueva Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, y varios más en otras partes de Estados Unidos. Esos rituales eran más comunes en la región oriental de Connecticut y en el oeste de Rhode Island, agrega Brian Carroll, profesor de historia en la Central Washington University, quien está escribiendo un libro sobre el tema.
Carroll cree que los rituales anti-vampíricos fueron introducidos como procedimientos médicos durante la Revolución estadounidense por doctores alemanes que trabajaban para las fuerzas hessianas. Por ello, considera que los vampiros de Nueva Inglaterra se derivan de los Nachzehrer alemanes. Explica que, a diferencia de los vampiros chupasangre rumanos, los de Nueva Inglaterra permanecían en sus tumbas y dañaban a los vivos desde lejos, con magia simpática (o magia empática).
Por su parte, Bell cree que las prácticas anti-vampíricas de Nueva Inglaterra procedían de muchos lugares y que los vampiros de esa región eran más semejantes a los vampiros rumanos que a los Nachzehrer. Señala que, al igual que los rumanos, los habitantes de Nueva Inglaterra buscaban sangre en los órganos vitales, en vez de evidencias de mortajas roídas. Y que el remedio anti-vampírico de sacar el corazón, quemarlo y dar las cenizas a la persona o personas enfermas también se acostumbraba en Rumania.
No obstante el origen de las creencias de Nueva Inglaterra, su motivación fueron las mismas inquietudes sociales que en otros lugares: el temor de la enfermedad y el deseo de contenerla.

LA ERA POST-VAMPÍRICA
Durante el pánico de vampiros de Nueva Inglaterra, los vampiros encontraron un nuevo papel en libros europeos como El Vampiro (1819), Carmilla (1871-72) y Drácula (1897), así como en obras teatrales de temática vampírica. Aunque inspirados en leyendas folclóricas y pánicos pasados, estos vampiros aristocráticos y sexuales se parecían más a los vampiros que conocemos en la actualidad.
Los pánicos vampíricos desaparecieron en el siglo XX conforme los monstruos de ficción reemplazaron a las creencias folclóricas (y mejoró el conocimiento médico); con todo, hubo un resurgimiento muy peculiar a fines de la década de 1960, cuando Sean Manchester, presidente de la Sociedad Británica de Ocultismo, anunció que un vampiro hacía que la gente viera cosas extrañas en el Cementerio de Highgate, Londres.
Los diarios habían publicado informes de un personaje alto, de ojos fulgurantes, y otras siluetas espectrales que flotaban en el camposanto, y los reporteros de inmediato adoptaron la teoría de Manchester de que los avistamientos eran obra de un vampiro de Europa oriental. Los periódicos incluso enriquecieron un poco sus revelaciones, diciendo que el personaje era un ?rey vampiro? o afirmando que el vampiro practicó magia negra en Rumania antes de viajar a Londres en su féretro.
En 1970, Manchester declaró a un equipo noticioso de televisión que pretendía exorcizar al vampiro un viernes 13. Esa noche, cientos de jóvenes acudieron al Cementerio de Highgate para ver el exorcismo (que no llevó a cabo).
El pánico de Highgate no fue un caso en que los vampiros sirvieran como chivos expiatorios de una enfermedad, sino una sensación mediática y un ejemplo de ?legend tripping? (jóvenes que van a un lugar presuntamente hechizado para probar su valentía).
El incidente de Highgate es un fenómeno moderno en la historia de las leyendas vampíricas. Tiene menos que ver con el deseo de controlar la salud de una comunidad y más con los pánicos modernos, como los avistamientos de payasos espeluznantes que se han vuelto virales este 2016: aunque la gente no crea, se siente atraída por el alboroto.

sábado, 8 de junio de 2019

¿Qué sabemos de la Atlántida?

Cuando hablamos de paraísos o ciudades perdidas, la mitológica Atlántida se lleva el oro en fama y ubicuidad. Hay pocos mitos que hayan capturado tanto la atención del hombre y que hayan permanecido tanto tiempo en el imaginario popular. Millones de personas alrededor del mundo creen a pies juntillas que la Atlántida existió, que fue un hecho histórico, y que se encuentra sumergida en algún lugar del Océano Atlántico, lista para ser redescubierta.
Incontables son los libros, artículos, películas y documentales que intentan explicar el destino de la misteriosa isla. Incluso muchos historiadores y exploradores, que también creen en su existencia, han dedicado vidas enteras y muchos recursos en intentar encontrarla, sin éxito hasta ahora. Dudo mucho que la encuentren, pues si consideramos a la Atlántida como una ciudad mitológica, es precisamente porque lo es, un mito. La Atlántida no existió. Al menos, no existe evidencia de que haya existido, pero hasta no hace muchos años tambien lo era troya...

El origen

Existe sólo un documento antiguo que mencione a la Atlántida, y que sirve de fuente para todo lo que ha venido después. Se trata de un libro, un trabajo de ficción, escrito por el filósofo Platón alrededor del año 360 a. de  C. En Timaeus, una de las muchas parábolas de Plato escritas en forma de diálogo socrático, hay tres  hombres hablando con el sabio, Timaeus,  Critias y Hermócrates. Sócrates les describe lo que él considera el estado ideal, y quiere que el resto le cuenten historias basadas en las relaciones de Atenas con otros estados.
Platòn

Es Critias quien menciona el nombre de la Atlántida. Su abuelo, según el texto, había conocido a Solón, el gran estadista ateniense y uno de los Siete Sabios. Solón había estado en Egipto, y ahí había escuchado la leyenda de la Atlántida. Un sacerdote egipcio, le contó que 9,000 años antes, una gran civilización que venía de una isla más allá de las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar), había conquistado buena parte de África, hasta Egipto, y de Europa, hasta Tirrenia, en el centro de la  actual Italia.
El sacerdote egipcio añadió que los atenienses presentaron batalla a esta civilización, y que lograron vencerlos. Poco después, terremotos destruyeron la Atlántida, que terminó por hundirse en las profundidades.

El texto

Fue el supuesto sacerdote Sonchis de Sais quien contó a Solón la leyenda de la Atlántida. En este fragmento de Timeus y Critias, leemos las palabras de Sonchis.
(La siguiente es una traducción de un libro en inglés del teólogo, profesor de griego y traductor Benjamin Jowett).
“Nuestras historias guardan muchas grandes y maravillosas hazañas de vuestro pueblo. Pero hay una que sobrepasa al resto en en Solóngrandeza y valor. Estas historias cuentan de una gran potencia que, sin ser provocada, organizó una expedición en contra de toda Europa y Asia, a la cual vuestra ciudad (Atenas) puso fin. Esta potencia vino del Océano Atlántico, que en aquellos días era navegable, y había una isla situada frente a los estrechos que vosotros llamáis las Columnas de Hércules.
La isla era más grande que Libia y Asia juntas, y estaba en el camino a otras islas, y desde estas podrías cruzar al resto del continente en el otro lado, el que rodeaba al verdadero océano.
Este mar que está dentro del Estrecho de Hércules (el Mediterráneo), no es más que una bahía con una angosta entrada, pero el otro es un mar verdadero, y la tierra que lo rodea puede bien denominarse un continente sin límites. Ahora bien, en esta isla de la Atlántida había un imperio grande y maravilloso que dominaba toda la isla y varias otras más, y partes del continente, y más allá; además, los hombres de la Atlántida habían conquistado la parte de Libia dentro de las Columnas de Hércules, hasta Egipto, y Europa hasta Tirrenia.
Esta gran potencia, planeaba atacar y subyugar nuestro país y el vuestro y toda la región dentro del estrecho; y entonces, Solón, tu país brilló en la excelencia y la virtud de su fuerza, entre toda la humanidad. Ella (Grecia) fue preeminente en el coraje y talento militar, y fue la líder de los helenos. Y cuando el resto la abandonó, viéndose obligada a resistir en solitario, y después de verse en peligro, venció y triunfó sobre el invasor y libró de la esclavitud a aquellos que aún no habían sido subyugados, y generosamente liberó a aquellos del resto de nosotros que viven de las Columnas hacia dentro.
Pero después ocurrieron terremotos e inundaciones violentas, y en un sólo día con su noche de mala fortuna, todos vuestros soldados se hundieron en la tierra, y la isla de la Atlántida, de la misma manera, desapareció en las profundidades del océano. Por esta razón, esa zona del mar no es navegable, `pues hay bancos de lodo en el camino, que fueron causados por el hundimiento de la isla.”

¿Qué sabemos de la Atlántida?

Básicamente, esta es la única evidencia, si se le puede llamar así, de la existencia de la misteriosa Atlántida. Un trabajo de ficción que, es verdad, entremezcla algunos hechos conocidos, como que existieron Sócrates y Solón. Pero no hay evidencia de que Sonchis de Sais fuese un personaje real, y mucho menos de la existencia de la Atlántida. Todas las referencias posteriores al mito de la Atlántida, están basadas en el libro de Platón.
Las teorías conspiratorias no tardaron en llegar. Medio siglo después de la publicación del Timeus, el filósofo Crantor supuestamente viajó a Egipto para confirmar la leyenda de la Atlántida era real, como él creía. Supuestamente también, escribió un trabajo en el que dice que habló con sacerdotes egipcios y que vio jeroglíficos contando la historia de la Atlántida. El problema es que no existe ninguna copia de ese libro, y sólo se conocen menciones a dicho documento, hechas ocho siglos después.
Varias historias similares aparecen en otras culturas de la antigüedad, sí. No obstante, estas no concuerdan ni en el tiempo ni en el espacio con la leyenda de la Atlántida. Platón sitúa a la mitológica isla cercana al Estrecho de Gibraltar, lo que no ha impedido que sus defensores la sitúen en diversos puntos del Mediterráneo, el Atlántico y hasta el Pacífico.

El auge del mito de la Atlántida

Durante el Renacimiento, investigadores europeos retomaron el estudio de los clásicos. Por supuesto, la leyenda de la Atlántida entró en el paquete. A partir de ahí, diversos autores retomaron la idea de un paraíso perdido, que fue impulsada por las corrientes visiones utópicas de la modernidad.
El mismo origen de Utopía, de Thomas More, bebe de la idea de una isla en el Atlántico, habitada por una civilización ordenada, igualitaria y liberal. Pero Utopía es un lugar imaginario, no real. Lo mismo sucede con La Nueva Atlántida, de Sir Francis Bacon, que describe la tierra mítica de Bensalem, en algún lugar del Pacífico Sur cercano a Sudamérica.
Estos y otros trabajos posteriores, han mantenido vivo el mito de la isla perdida. El problema es que muchos creen que se refieren a hechos reales, cuando no son más que relatos de ficción. El mismo trabajo de Platón no es más que una parábola en la que incluye la leyenda de la Atlántida sólo para incidir en un punto. De hecho, la Atlántida apenas y es mencionada en el párrafo traducido arriba.
Recreación moderna de la Atlántida.
El auge de las teorías de la conspiración en el siglo XX, bien aliñado de platos voladores,  los Illuminati y el Triángulo de las Bermudas, hizo resurgir el mito de la Atlántida. Mezclando bien todos estos ingredientes, la Atlántida es para muchos un lugar secreto en el que los promotores del Nuevo Orden Mundial esconden armas alienígenas con las que piensan destruir el mundo.

¿Puede estar basada en la realidad?

Puede, sí, por supuesto. Hay muchos ejemplos de islas que han desaparecido súbitamente. Un buen ejemplo, el de Thera, pudo haber servido de inspiración a Platón.
Thera es un volcán situado en medio de las Islas griegas. Hace aproximadamente 3,500 años, Thera formaba una isla volcánica. Una violenta erupción destruyó la isla, y muchas de las poblaciones minoicas en regiones cercanas. Fue tan poderosa, que hasta Egipto llegaron sus consecuencias. Los restos de Thera son ahora la isla de Santorini. Y seguro hay muchos ejemplos más.
El cráter de Thera desde Santorini.
Ahora bien, Platón bien pudo haberse basado en esta y otras historias de islas que desaparecieron.  Ejemplos, como digo, le sobraban, pero eso no quiere decir que la leyenda de la Atlántida fuese un hecho real. Es como si yo escribo una historia sobre una erupción volcánica en Madrid hace 10,000 años que destruyó una antigua civilización, usando como modelo a Pompeya, y algunos se creen que mi historia es realidad porque Pompeya fue realidad. No cuela.

Algunos apuntes

Platón, en la voz de Sonchis de Sais, sitúa los eventos de la Atlántida hace más de 12,000 años. Complicado, pues en aquel entonces no existían ni Atenas, ni los griegos, y ni siquiera Egipto. Por haber no había ni civilización. Difícilmente los atenienses podían haber luchado contra los ejércitos de la Atlántida. Aún faltaban 8,500 años para la fundación de Atenas.
Pero dijéramos que Sonchis se equivocó en el tiempo y todo sucedió en una época más cercana. Si los griegos participaron en esa guerra, ¿por qué no hay una sola mención de ella? (excepto en la novela de Platón, claro está). Ningún otro pueblo de la antigüedad hace referencia a esa misma leyenda. Algo extraño  cuando se supone que la Atlántida invadió medio África y media Europa.
Más extraño aún es que no se ha encontrado ninguna evidencia de que tal lugar existiese. Puede ser comprensible que hasta hace un siglo la gente creyera en una isla desaparecida en medio del Atlántico. En la actualidad, sin embargo, con la tecnología a nuestra disposición, ya deberíamos haberla encontrado.

Conclusión

Muchos alegan que el hecho de que no se haya encontrado evidencia de la Atlántida no es prueba de que no haya existido. Ya, es verdad, pero con menor razón pueden ellos asegurar que sí existió. No hay evidencia, y el único origen de la leyenda es un trabajo de ficción.
Si a esas nos vamos, no me extrañaría, que los adeptos a las conspiraciones del futuro, insistan en que hace muchos años, en una galaxia muy, muy lejana, existió un malvado imperio comandado por un hombre vestido de negro. ¡Ah! Y seguro dirán que era una civilización alienígena.

El rover Perseverance captura un eclipse solar desde Marte

  La NASA ha compartido unas extraordinarias imágenes de un eclipse solar captadas por su vehículo Perseverance desde la superficie de Marte...